Querida Liliana: El 19 de septiembre fui a ver la exposición de tu obra y la de tus estudiantes del IEMS, plantel Belisario Domínguez, que fuera inaugurada unos pocos días antes, el 13 de septiembre, como homenaje in Memoriam a tu trabajo. Encontré la casona en donde solías dar tus clases, probablemente tal y como la recuerdas, con su portón negro bien alto y de puertas abiertas, bajo el balcón de piedra carcomido por el tiempo y los avatares tectónicos de la historia. Cuando entré a la Escuela de Arte Nahui Olin encontré las flores que se instalaron en tu memoria, desde el segundo piso del edificio y que, ya secas, pero aún aromáticas, colgaban de cabeza: gardenias, narcisos, margaritas, nubes, crisantemos e inesperadas aves de paraíso, todavía sosteniendo su mandíbula abierta anaranjada. En las paredes, permanecen los murales a los que pertenece tu presencia de lucha como testigo de la resistencia colectiva frente a la productividad mercantil mundializada: asamblea de vecinos, orden ...
Crítica de artes escénicas, artes visuales e interdisciplina.